Ópera en el Auditorio: Aída

Ópera en el Auditorio: Aída

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$ 1.200

Fecha y hora

Ubicación

Pasteur 633

633 Pasteur

Balvanera, CABA C1028

Argentina

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Ópera Presencial

Acerca de este evento

Ópera en el Auditorio

AÍDA

Ópera de Giuseppe Verdi en versión al piano con atractivos audiovisuales. Una experiencia única en el antiguo Egipto.

Bono de Ingreso General $1200 / Socios $1000. 

Auditorio AMIA, Pasteur 633, Primer Subsuelo – CABA.

IMPORTANTE:

- El ingreso es por orden de llegada y con DNI/pasaporte vigente.

- Se debe ingresar con la entrada impresa o en el teléfono. El ingreso podría verse demorado algunos minutos.

- Todos los espectadores deben llevar en todo momento tapabocas/barbijo.

Aída, princesa etíope apresada y esclavizada por los egipcios, hija de Amonasro rey de Etiopía, es amada por Radamés, guerrero egipcio y posible líder de tropas militares, quien a su vez es deseado por Amneris, princesa egipcia que no claudicará en su plan por conquistarlo.

Síntesis de los IV Actos

Acto I

Radamés sueña tanto con obtener la victoria en el campo de batalla como de Aída, la esclava etíope a la que ama en secreto. Canta «("Celeste Aida")». Se trata de una página en cuyo recitativo «se quel guerrier io fossi» oímos al militar que espera ser designado caudillo de su pueblo en la guerra contra los etíopes. Luego se expresa el enamorado: la gloria que anhela le servirá para coronar a Aida y subirla a «un trono junto al sol». Aída, que está también en secreto enamorada de Radamés, es la hija capturada del rey etíope Amonasro, pero sus captores egipcios no son conscientes de su verdadera identidad. Su padre ha invadido Egipto para liberarla de la esclavitud.

Amneris, la hija del rey egipcio entra en el salón. Ella también ama a Radamés, pero teme que su corazón pertenezca a alguien más. Entonces aparece Aída y, cuando Radamés la ve, Amneris se da cuenta de que él parece perturbado. Ella sospecha que Aída puede ser su rival, pero es capaz de esconder sus celos y se acerca a ella.

Acto II

En la sala privada de Amneris se desarrollan danzas y música para celebrar la victoria de Radamés. Sin embargo, Amneris aún duda sobre el amor de Radamés y se pregunta si Aída está enamorada del joven guerrero. Intenta olvidar sus dudas, entreteniendo su corazón preocupado con la danza de esclavas moras. Cuando Aída entra en la cámara, Amneris pide que todo el mundo se marche. Se produce el enfrentamiento entre Aída y Amneris: la princesa egipcia interroga con astucia a la esclava que, involuntariamente, descubre su amor por Radamés. Esta confesión encoleriza a Amneris, quien se revela como su rival y planea vengarse de Aída.

El rey de Egipto decreta que en este día el triunfante Radamés puede tener lo que desee. Los cautivos etíopes están reunidos y Amonasro aparece entre ellos. Aída inmediatamente se aproxima a su padre, pero sus verdaderas identidades aún son desconocidas para los egipcios, excepto por el hecho de que son padre e hija. Amonasro declara que el rey etíope (él mismo) ha resultado muerto en la batalla. Aída, Amonasro y los etíopes capturados ruegan al rey egipcio que se apiade de ellos, pero los egipcios piden su muerte.

Como recompensa por parte del rey, Ramadés le ruega que no mate a los prisioneros y los libere. Agradecido, el rey de Egipto declara que Radamés será su sucesor y el prometido de su hija. Aída y Amonasro permanecen como rehenes para asegurar que los etíopes no se vengarán de su derrota.

Acto III

Se dicen oraciones en la víspera del matrimonio entre Amneris y Radamés en el Templo de Isis. Fuera, Aída espera encontrarse con Radamés tal como habían planeado, en la que la joven recuerda su tierra natal, que nunca volverá a ver.

La inspiración de Verdi y su talento como orquestador y dramaturgo alcanzan en el acto tercero un punto culminante. Casi todo el acto está dominado por Aída, casi omnipresente, lo que plantea a su intérprete un arduo problema: dos espléndidos y largos dúos —con su padre primero y con Radamés después— someten a durísima prueba su capacidad musical y su preparación técnica.

Amonasro aparece y obliga a Aída a que averigüe a través de Radamés dónde se encuentra el ejército egipcio. Cuando él llega, Amonasro se esconde detrás de una roca y escucha su conversación.

Radamés confirma que Aída es la persona con la que se casará, y Aida lo convence para huir al desierto con ella.

Para que sea más fácil escapar, Radamés propone que usen una ruta segura sin ningún temor a ser descubiertos y también revela el lugar donde su ejército ha decidido atacar. Al oír esto, Amonasro sale de su escondite y revela su identidad. Radamés se siente deshonrado. Al mismo tiempo Amneris y Ramfis dejan el templo y, al ver a Radamés con su enemigo, llama a los guardias. Amonasro y Aída intentan convencer a Radamés de que se escape con ellos, pero él lo rechaza y se rinde a los guardias imperiales.

Acto IV

Destaca la gran escena de Amneris, empieza con ella cantando sola desea salvar a Radamés. Dice que se lo lleven y entonces sigue la escena con ella y Radamés. Le pide a Radamés que niegue las acusaciones, pero Radamés lo rechaza. El joven, traidor involuntario a su patria y sin posibilidad de recuperar a Aída solo desea morir. Seguro de que, como castigo, será condenado a muerte, Amneris le pide que se defienda, pero Radamés lo rechaza firmemente. Él se siente aliviado al saber que Aída aún está viva y confía en que ella haya llegado a su propio país. Amneris se siente herida por su decisión.

Sigue el juicio de Radamés, que tiene lugar fuera del escenario; él no responde a las acusaciones de Ramfis y es condenado, mientras Amneris, que continúa en escena, ruega a los sacerdotes que muestren su piedad. Lo sentencian a morir enterrado vivo.

Radamés ha sido llevado al subterráneo del templo y sellado en una oscura bóveda, está enterrado vivo. Cree que está solo y confía en que Aída esté en un lugar más seguro. Pero oye un suspiro y descubre en la tumba a su amada, quien se ha escondido en la bóveda para morir con Radamés. Aceptan su terrible destino, unen sus voces en el célebre «O terra, addio» y se despiden de la tierra y sus penas.

Por encima de la bóveda en el templo de Ptah, Amneris, impotente y profundamente dolorida, implora a Isis para que su adorado Radamés pueda descansar en paz, ignorando que en su tumba Aida lo acompañará eternamente. En el subterráneo, Aída muere en los brazos de Radamés.

FICHA TÉCNICA

Aída: Marianela Giménez Finocchiaro

Radamés: Juan González Cueto

Amneris: Mairín Rodríguez

Amonasro: Mauro Espósito

Dirección musical: Julia Inés Manzitti

Dirección escénica: Leandro Sosa

Escenografía corpórea: Andrea Visuales

Mapping: Leandro Sosa

Vestuario: Tamara Pirillo

Caracterización: Romina Pirillo

Idea y realización: Estudio eLeFá. www.estudioelefa.com.ar. @estudioelefa

Duración: 90 minutos

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